EL BICENTENARIO: CELEBRAR O CONMEMORAR
El 2010 es año bicentenario de las revoluciones independentistas en América Latina. Fue un largo proceso cuyos antecedentes se remontan a los primeros años de la Conquista española-portuguesa, con las innumerables insurrecciones indígenas y de negros esclavos y que tuvo como consecuencia el fin del dominio español por estas tierras. Ahora nos preguntamos: ¿Ese proceso se manifestó como una auténtica independencia? Es cierto, se dio al traste con la monarquía española, pero no es menos cierto que se instauró (ya venían dando sus pasos) el dominio de otras potencias europeas y luego la norteamericana. Varias razones incidieron para que esto ocurriese. Después de doscientos años podemos decir, que de un sistema colonial que se logró resquebrajar en el siglo XIX hoy se conservan lastres del mismo, encarnado en un nuevo sistema neocolonial.
Las condiciones subjetivas y objetivas explican el por qué, después de doscientos años, todavía, nos mantengamos en un sistema de subordinación y dependencia de las grandes potencias capitalistas. Dentro de las condiciones subjetivas que hicieron posible que el intento de independencia no pasara más allá de lo mero formal, podemos señalar la perfecta sintonía que tenían para ese momento las clases explotadoras criollas con sus pares europeos. En efecto, la captura del rey español por Napoleón fue el pretexto utilizado por los criollos americanos para iniciar tímidamente su rompimiento con la ya decadente monarquía española; no obstante, tal rompimiento no implicaba, de ninguna manera, que la oligarquía criolla quisiese compartir el poder con otras clases sociales internas. En el fragor de la lucha el proceso independentista adquirió el carácter de una aguda y profunda lucha social entre amos y esclavos, terratenientes contra población rural enfeudada, y de lucha étnica expresadas de igual manera por pugnas violentas entre indígenas, negros, mulatos, zambos contra blancos. De tal manera que el objetivo era ejercer directamente el poder político para de esta manera aumentar su poder económico.
Es cierto que una minoría, representantes de esas clases privilegiadas, pretendieron ir más allá: fue el caso de Simón Bolívar, San Martin, José Gervasio Artigas, O´Higgins, Antonio Nariño entre otros; precisamente por intentar llevar más allá el proceso independentista fueron desterrados, traicionados, asesinados.
De igual manera la mayoría de la población estaba sumida en la más absoluta ignorancia; y, poco o nada sabía de política, ni qué intereses estaban en juego. Es por ello que integrantes de las clases explotadas militaron indiferentemente en los bandos realistas o patriotas.
Una economía que basada su “fortaleza” en la exportación de materia prima y la explotación de la mano de obra esclava o enfeudada poco o nada podía hacer para competir con la economía europea o norteamericana basada en la superioridad tecnológica y la exportación de productos manufacturados.
Traicionada la revolución de independencia, engañadas las masas desposeídas se acudió a otro elemento para perpetuar la dependencia de las potencias triunfantes: El empréstito. Así todas las burguesías americanas para salir de los desastres de la guerra, acudieron a los bancos europeos a endeudarse. Y una vez más el remedio fue peor que la enfermedad, se adquirieron compromisos leoninos, lesivos a los intereses de la patria, se entregó lo poco o mucho que quedaba y así los bancos europeos eran dueños de las mayores y mejores riquezas del suelo latinoamericano.
Se conservó el mismo sistema de explotación capitalista. Cambiaron los actores pero el guión no cambió. Es por ello que luego de traicionada la guerra de independencia se sucedieron a lo largo del siglo XIX una serie interminables de guerras, guerritas, alzamientos en fin un interminable ir y venir de guerras intestinas que desgarraron aún más esta parte del continente y lo debilitaron casi hasta aniquilarlo.
Con todo esto, el pueblo latinoamericano siguió luchando. A pesar de la traición surgen en diferentes espacios y tiempos hombres como: José Martí en Cuba; Emiliano Zapata, en México; Augusto César Sandino, en Nicaragua; Farabundo Martí, en El Salvador; Fidel Castro, en Cuba; Jacobo Arbenz, en Guatemala; Omar Torrijos en Panamá y en los actuales momentos líderes como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador que siguen en la búsqueda por rescatar la independencia traicionada y la puesta en práctica de otro modelo, antítesis del modelo capitalista, uno que como dijera Bolívar, en el discurso de instalación del Congreso de Angostura sea: “un sistema de gobierno que de al pueblo la mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política” y este modelo no es otro que el modelo socialista adaptado a las condiciones peculiares de cada país.
A la par del surgimiento de líderes latinoamericanos como presidentes de algunos países latinoamericanos y del Caribe, también vienen fortaleciéndose los movimientos sociales tal es el caso del MST en el Brasil, el EZLN en México, el movimiento de los piqueteros en Argentina entre otros, sujetos que reivindican el papel histórico de sectores olvidados, haciéndose sujetos políticos de estos nuevos tiempos: campesinos, indígenas, afrodescendientes.
Como vemos, todavía nos falta mucho para celebrar en este bicentenario. Las cadenas que antes nos ataban hoy han cambiado de dueño pero siguen siendo las mismas cadenas: explotación, desigualdad, miseria, analfabetismo. Seguimos conmemorando el sacrificio realizado por nuestros mártires pero continuamos combatiendo hasta romper definitivamente las cadenas del yugo capitalista y entonces… sí tendremos qué celebrar.
Isidro Camacho
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